Como si se tratara de un problema menor y ajeno, ni el ministro de salud ni el gobernador se han hecho eco de la profunda crisis que atraviesa el hospital zonal de Choele Choel, devenido casi en una sala de primeros auxilios, derivando hasta los partos normales. Mientras los directores sean puestos a dedo y no por concurso, seguirán siendo el fusible que protege a los verdaderos responsables.


Una chispa dispara una explosión. El reclamo por mala praxis de una pareja que perdió a su hijo prematuro, al que se sumaron vecinos y denuncias de otros casos no judicializados, parece haber sido el detonante para que salga a la luz las gruesas falencias de un hospital que contiene a 8 localidades de Valle Medio.
La manifestación popular provocó la reacción corporativa de los profesionales de Salud Pública y algunos otros trabajadores, que en “defensa propia” comenzaron a dar a conocer las verdaderas condiciones en que se encuentra el hospital regional.
Ante esto, el consejo local de Salud mantuvo tensas reuniones esta semana, que devinieron en una confusa conferencia de prensa que pareció no haber sido tal, a juzgar por la incomodidad que produjeron preguntas de un periodista. Intentaron explicar que era una reunión del Consejo Local, aunque el día anterior habían convocado a una conferencia de prensa. Fuera de esos detalles –conferencia o reunión- allí se enumeraron fallas históricas y se desnudó la realidad que viven los trabajadores de salud. Por caso, como hecho inexplicable, se mencionó como ejemplo que para una simple tomografía se deriva al paciente a general Roca, mientras a 3 cuadras del hospital existe un servicio privado para ese cubrir esa necesidad con menor costo y riesgo.
El hecho que grafica con mayor fidelidad el cuadro de situación del hospital, es el hecho que en los últimos días, le han ido avisando a las embarazadas que cuando se cumpla el tiempo de su embarazo y llegue el momento del parto, van a ser derivados al Alto Valle. Es decir, el hospital al que las 7 localidades de Valle Medio derivan sus pacientes, no puede siquiera atender un parto.
Frente a esta situación –que es imposible que desconozca el ministro y en consecuencia tampoco puede ignorar el gobernador- ninguno de ellos ha dado una respuesta a los trabajadores, que remarcan el silencio oficial, ni mucho menos a la gente que hasta el momento no tiene garantías de servicio público que es obligación del poder político garantizar.
Parte del problema crónico del sistema de salud parece ser un viejo vicio de la política rionegrina: No cumplir con las normas que indican que los directores de hospitales deben ser nombrados por concurso. Pero la “viveza criolla” de la larga lista de gobernadores que tuvo la provincia desde que esa norma tiene vigencia, optaron por ponerlos a dedo, casi como un cargo político. El desliz tiene su explicación: Un director que ganó su lugar por concurso, solo debe velar por el correcto funcionamiento de la responsabilidad que se le entrega, con la libertad de exigir del gobierno de turno, TODO lo que necesite para garantizar el servicio de salud pública. Nombrados a dedo, los directores terminan poniendo la cara y dando explicaciones de falencias que son responsabilidad de los funcionarios de turno.-

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