(Por Jorge Rachid).- Desde hace años, a partir de sucesivas derrotas en el mundo, que ha perdido el Mar de la China, la presencia hegemónica, junto a Israel, Reino Unido y Arabia Saudita en Medio Oriente y norte de África, además de ceder a la fuerza del Yuan como moneda de cambio, junto a haber fracasado en desplazar a Rusia a partir del golpe de estado en Ucrania que intentaba aislarla, había decidido EEUU alambrar América Latina como “su territorio” a preservar.

Su lema a instalar, fue identificar a los “populismos” como el eje del mal a combatir, a partir de lo cual se permitió todo tipo de maniobras de desplazamiento de gobiernos populares: por golpes de estado como en Honduras, supuestos juicios políticos parlamentarios como en Paraguay, derrocamientos como Dilma y encarcelamientos como a Lula, persecusiones en los casos de Correa y Cristina, bloqueos inhumanos en Venezuela, “presidentes designados”, desestabilizaciones en Bolivia, manipulación de jueces cómplices y medios hegemónicos lacayos del Imperio.

La instalación de gobiernos neoliberales, le permitió a EEUU avanzar en la estrategia de neocolonización a partir de la instalación de las bases militares, que le permitirían preservar los recursos naturales de nuestra región y asimismo controlar con tropas el conflicto social emergente que ocasionan las políticas de sujeción y explotación, implementadas por su brazo económico que es el FMI.

No hay políticas de ajuste sobre los pueblos, que no termine en represión, con dolor social y muertes, como ha sido en nuestro país, con el macrismo, que implementó una política que hoy algunos llaman “fracasos”, cuando en realidad fueron políticas de estado con ese fin de dominación y claudicación nacional. Entonces tuvieron éxitos, no errores y reconocerlo es identificarlos como enemigos del país.

Tampoco se puede admitir el sentido simbólico que se le da a la frase “ausencia del Estado”, cuando en realidad es una ocupación totalizadora del Estado con fines de provocar una estructuración del mismo funcional al esquema colonial, que impida el retorno de “los populismos”. Esta situación sucede desde 1955 acotando y deshaciendo derechos adquiridos por el pueblo, desde previsionales hasta leyes laborales, desde una cultura sanitaria solidaria al lucro y un arrasamiento de la educación pública.

Entonces observamos que se trata de un Plan, que ahora comienza a derrumbarse a partir de haberse agrietado por las luchas populares de todos los pueblos de la región y más en nuestro caso, donde existe una conciencia compartida del Modelo Social Solidario que instaló el peronismo como cultura nacional identitaria.

Hoy América Latina se pone de pie ante el avance de EEUU y sus planes de colonización alambrada, como lo demuestran los procesos de Ecuador y Perú, los límites impuestos a esos avances en Brasil y nuestro país, la resistencia de Bolivia sumado a la actitud independiente de México y Uruguay, en contra del Bloqueo criminal a Venezuela. Sumados esos hechos al rechazo al Tratado Mercosur – Unión Europea, en los términos actuales de claudicación ante la imposición de aperturas indiscriminadas y prepotencia de patentes.

Como decía Perón: ”nosotros ponemos la vaca y ellos la gallina y todos comen el asado”, esos son los términos de los acuerdos neoliberales con los países llamados “del mundo”, cuando EEUU intenta eliminar la presencia del mundo Multipolar de América latina, como India, China, Rusia, más los bloques asiáticos y africanos de creciente presencia en el mundo real.

Por esas razones estratégicas el movimiento nacional y popular en la Argentina ha sido punta de lanza en la lucha contra los modelos de claudicación nacional que intentaron serle impuestos por el neoliberalismo, con una conciencia asentada en el peronismo y una concepción de patria Grande que coronó en la creación del UNASUR y la CELAC que reconstruyó la idea de nuestros Padres Fundadores San Martín, Bolívar y Artigas que siempre hablaron de una americanidad única, mestiza, criolla, morena, profunda, que debemos recuperar.

El General Perón en 1974, pocos días antes de morir, nos dejaba su testamento político: Modelo Argentino para un Proyecto Nacional, donde alertaba estas circunstancias, después de describir a la Argentina como el país de los alimentos, el agua dulce y los recursos naturales, en disputa que se darían entre Bloques Continentales, diciendo que “el imperialismo vendrá por esos recursos, con nosotros o sin nosotros y dependerá de la capacidad de los argentinos defenderlos”. Un anticipo de los tiempos que vendrían, de un pensador lúcido aún en sus días finales, con un mensaje de esperanza firme y patriótico, que debemos honrar.-