Policía y profesionales de la salud reconocen que creció el consumo de drogas. No debe haber padre que no tema que su hijo adolescente caiga en las drogas o el alcohol. Ha descendido la edad de iniciación en consumos excesivos hasta casi la niñez. Todos se preocupan pero pocos se ocupan. El Estado tiene políticas débiles, los profesionales de salud mental son insuficientes para la región, pero el tema hasta ahora no ocupó el centro de la escena en los debates de la comunidad ni en las plataformas políticas.


Este medio consultó tiempo atrás a profesionales de Salud Mental y desde allí reconocen que desde hace algunos años, se percibe un crecimiento de las atenciones por guardia por intoxicaciones. “…Hemos notado que cada vez hay cuadros más severos, con riesgos de vida en muchos casos. Están consumiendo un montón de sustancias que no son conocidas o son mezclas. Esto también genera mucho riesgo clínico” comentó en aquella oportunidad la licenciada en Psicología, Yanina Bruno.
“Que creció el consumo, nosotros no lo podemos desmentir, al contrario, de hecho hacemos un trabajo conjunto con la gente del hospital. La estadística en la que nosotros nos basamos es en el secuestro de sustancias prohibidas” aportó en esa oportunidad quien por entonces era jefe de la unidad Regional IV de Policía con asiento en Choele Choel, de quien dependen todas las unidades de Valle medio.
Las políticas públicas en la región pasan por la contención de jóvenes, con actividades tendientes a la reinsersión, pero que no constituyen un tratamiento concreto de desintoxicación, ni mucho menos una búsqueda del por qué el consumo de alcohol, drogas y otras sustancias, son una alternativas para jóvenes de distintas clases sociales.
Yanina Bruno puso el dedo en la llaga cuando asoció adicciones o consumos excesivos, con actos delictivos. “A mí me preocupa más que el consumo en sí mismo el tema de la marginalidad. Se arman redes de delito en función del consumo. Porque es el único grupo de pertenencia que termina encontrando el chico. Se terminan complicando en situaciones delictivas, en situaciones de mucha marginalidad porque quedan totalmente aislados del resto de las instituciones” puntualizó en aquella entrevista.
“La persona que está en su momento de consumo excesivo generalmente no consulta, al menos que por una situación clínica caiga por la guardia y ahí en general nos piden la intervención a nosotros, y ahí se trata de armar algún dispositivo para la persona. Siempre se ofrece la posibilidad de tratamiento. Lo que sucede es que si la persona es mayor de edad, obviamente que hacer un tratamiento es una decisión propia. Con el tema de los chicos menores de 18 es distinto porque están bajo la tutela de los papas y se puede hacer algún tipo de trabajo por lo menos con los padres, tratando de concientizar” apuntaba por entonces la licenciada Bruno.
La profesional que se desempeña en Salud Pública agrega un dato que no deja de alarmar. Afirma que la edad de inicio en el consumo ha bajado. “Aún con el aumento de consumo de drogas, el consumo del alcohol sigue siendo lo que está en la punta de la estadística, y esto atraviesa a niños, adolescentes y adultos con un consumo problemático” asegura Bruno.
“Cuando uno atiende un chico que es adolescente, es muy difícil hablar de adicción. En general empiezan como consumo problemático. La adicción es cuando ya está instalado el consumo y el centro de la vida de la persona es consumir y nada más. Con los adolescentes, uno lo que ve es un consumo muy fuerte sin ningún tipo de control los fines de semana y eso, a un chico que todavía está en desarrollo, le trae serios problemas en su desarrollo intelectual, conductual, el tema de la escolaridad. Genera muchas complicaciones no solo a nivel psicológico, sino a nivel físico” sostiene la profesional.
Pero aún en el infierno del consumo de sustancias, la cuestión social también discrimina entre quienes sufrirán mayores daños e incluso riesgo de muerte. “Cuando vos hablas de pobreza y consumo, tenés sustancias que son sumamente tóxicas, como el paco por ejemplo. Directamente no se va a hablar de una adicción, sino que hablas de chicos con probables riesgo de vida. Que ni siquiera van a llegar a ser adultos” sentencia Yanina Bruno.
Los profesionales de la salud tiene muy claro cuál es el problema y el contexto en el que ocurre. Por eso, la psicóloga Bruno señala: “Un adicto no sale de un huevo de una gallina. Sale de una familia donde hay determinadas situaciones. Un chico en una familia relativamente funcional, quizá sin experiencia con las drogas, por una cuestión de la adolescencia misma, de transgredir límites, solo puede llegar a experimentar. Pero si ese chico no es cuidado, no es acompañado, probablemente termine en una cuestión problemática” afirma.
Pero también es necesario que la comunidad se haga cargo de sus costumbres, sus hábitos, su cultura. Es que hay adicciones que son bien vistas socialmente. Como el exceso de trabajo, o conductas saludables como la alimentación o el deporte. Hay veces que las adicciones están puestas en cosas que en la sociedad están bien valoradas, pero que cuando te pasas al otro lado no es bueno. Podes pasar de una adicción a la comida a un trastorno alimentario como una anorexia o una bulimia en muy poco tiempo. Pero si es cierto que evidentemente hay socialmente un vació muy grande que la gente intenta llenar con objetos o sustancias” sostiene la profesional.
A la hora de analizar el recurso humano de salud pública abocado a la salud mental, la profesional no se queja de escasez de personal, pues habla de la amplitud de la problemática donde cualquier número sería insuficiente. Sin embargo, ese mismo dato sirve para que cada uno saque su conclusión. “La salud mental es tan amplia que si te digo cuánta gente necesitamos, nunca sería la suficiente. Pensá que a diferencia de otros servicios, nosotros atendemos niños, ancianos, adolescentes, violencia familiar, abusos, adicciones, depresión, ansiedad, psicosis. Es muy amplio el campo. En salud mental, cuanta más gente tengas, más servicios podes ofrecer. Y a veces, cuando somos menos, tenemos que reducir y achicar lo que ofrecemos a la gente. Siempre falta algún recurso. Lo bueno, a nivel de programa provincial de salud mental, es que en cada hospital de la provincia haya al menos un referente de salud mental, que eso antes, cuando yo empecé a trabajar, era impensable. Yo estaba acá en Choele e iba a atender a Lamarque, a Beltrán a Darwin etc. Ahora, por suerte, en ese sentido, a lo largo de los años, con mucho esfuerzo se ha ido mejorando. Con esto de concientizar tanto en la comunidad como en las instituciones, se ha logrado ver que salud mental es importante” opinó Bruno.-

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